LA LEY DE SEGUNDAS OPORTUNIDADES.

        El 28 de febrero de 2015 se modificó la Ley Concursal, aportando aire fresco a la crisis económica y dando así entrada a la popularmente conocida como Ley de Segunda Oportunidad.

        La finalidad de esta reforma es servir de bombona de oxígeno para aquellos pequeños empresarios y profesionales autónomos, cuyas aventuras empresariales no han salido como esperaban, viéndose hoy en día acuciados por deudas difícilmente pagaderas.

        Dicho lo anterior, antes de esta regulación, los pequeños empresarios se veían obligados a responder de sus deudas conforme al artículo 1911 del Código Civil, lo que lastraba sus bienes presentes y futuros, quedando afectos al pago de sus obligaciones hasta plena satisfacción o eventual prescripción.

        A partir del año pasado, nos encontramos con un nuevo procedimiento en el cual, bajo la tutela de un Juez, vamos a poder renegociar nuestras deudas con los acreedores e incluso, como veremos, podremos lograr la exoneración de gran parte de las mismas, en virtud de las circunstancias concurrentes.

        “Vamos a poder renegociar nuestras deudas con los acreedores e incluso, la exoneración de gran parte de las mismas”.

        Para acogernos a esta segunda oportunidad, hemos de cumplir dos requisitos:

1. Procurar la compensación de acreedores mediante cesión de bienes o acciones de nuestra empresa.

2. Proponer un calendario viable de pagos a los mismos.

        De este modo, para facilitar estas negociaciones, tendremos a nuestra disposición la posibilidad de contar con un mediador concursal. Esto, no obstante, si termina el procedimiento sin haber llegado a algún acuerdo, podremos solicitar que se declare el concurso de acreedores voluntario.

        Para que pueda tener lugar dicho concurso voluntario, deben darse dos circunstancias:

1. Que el empresario no tenga dinero ni activos disponibles para hacer frente a sus deudas.

2. Cumplida demostración de su actuar de buena fe.

        Así las cosas, cuando no exista posibilidad alguna (por falta de medios) de afrontar los pagos debidos, el Juez podrá exonerarnos de gran parte de nuestras deudas, decimos parte, porque aquellos débitos que se tengan con la Seguridad Social, Agencia Tributaria o deudas alimenticias (v.gr procedentes de separaciones y divorcios), siempre persisten.

        En definitiva, tenemos a nuestra disposición la posibilidad de aprovechar una verdadera segunda oportunidad, que permitirá a los emprendedores y pequeños empresarios afrontar nuevos negocios, volviendo a ser sujetos civil y económicamente activos y, en definitiva, volver a empezar habiendo aprendido de la experiencia.

Adrián Domingo Rodríguez.

Abogado.

“La finalidad es servir de bombona de oxígeno para aquellos pequeños empresarios y profesionales autónomos, cuyas aventuras empresariales no salieron como esperaban”.

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